Carta al Niño Dios

Amo la navidad, mi corazón tiene rayas blancas y rojas. Una de las cosas que mas disfruto hacer en el año es sentarme en un día helado del mes de diciembre (navidad) a ver películas navideñas, bien abrigada y tomando chocolate caliente con malvaviscos ¡No hay nada mejor! Lamentablemente acá donde vivo no suele hacer mucho frío, para mi gran desgracia, así que no es lo mismo. Pero de todas formas siempre hago lo posible por cumplirlo y disfruto mucho ver películas navideñas, aunque no haga frío.

La película que vi hoy es colombiana, su guión fue hecho por el conocido Dago García. Siempre me han gustado las películas de Dago, son divertidas, sencillas y muestran el lado casual colombiano que sin duda hace reír a los colombianos de reconocer sus propios actos. Mi película favorita de Dago García, de las que he visto, es sin duda  Mi abuelo, mi papá y yo. Una película realmente maravillosa, a mi parecer.

Sin embargo aún con todo mi cariño por él y sus películas debo admitir que esta no fue muy buena. Tiene un buen inicio, en parte, pero luego empieza a ponerse pobre e incluso ridícula.

Después de un poco de introducción nos muestran el centro  de la película: Una bicicleta. El hijo de Rubén quiere una super-bicicleta que, según parece, cuesta millones. Ya empezando por ahí uno empieza a extrañarse, ¿Que bicicleta cuesta tanto? ¡Ni que tuviera turbo o algo así!

Asistí una vez a una charla sobre la maravillosa película Interestellar, en la que participaban Esteban Silva Villa, un físico colombiano de la Universidad de Antioquia con estudios doctorales en la Universidad de Utrecht, en Holanda y estudios de postdoctorado en Canadá, y el escritor y productor Carlos Esteban Orozco escritor del guión de Al final del espectro, escritor y productor de Saluda al diablo de mi parte y del cortometraje Singular, ha trabajado para series de FOX y Moviecity. Todo esto con el animo de ubicarlos un poco, así no tienen que ir a buscar a otros lados quienes son esos porque ya se los escribo acá, a menos que quieran saber algo mas. La información la saqué de la página donde se anunciaba la charla de la que les hablo y fuentes extra para confirmar algunas cosas.

En fin, en la charla Carlos Esteban Orozco nos decía algo con lo que estoy muy de acuerdo. En cada película se hace una especie de pacto. Por ejemplo, como el bien decía, en la película Buscando a Nemo, se hace el pacto de que los peces hablen y razonen, pero si algún pez, sin ningún aviso, sale de repente volando del agua uno empieza poner un alto, por que ya sería demasiado.

En este caso se hacen varios pactos como el hecho de que la bicicleta sea tan costosa, el que mejorara sus habilidades como conferencista tanto en tan poco tiempo, pero lo mas importante y que le da un punto de clavada muy grande a la película: el pacto en el que hay que aceptar a Dios representado como una voz que además de todo quiere escuchar la conferencia de Rubén y no sólo eso sino que además le parece buena ¡Le gusta la conferencia! Y lo peor de todo, que todo esto ocurre en un espacio muy parecido al lugar donde practica con su amigo las conferencias o donde presentó su ponencia a la licitación. ¡¿Cómo se les ocurre poner de purgatorio un teatro que es prácticamente el mismo a otros en los que ya estuvo?! En esta parte el pacto se rompe completamente.

Es completamente ridícula esa escena. Sí la pusieron allí para dar risa pues no funcionó. No logro hacer que mi mente se adapte a la idea de un Dios que escucha tan atentamente a un hombre que a duras penas logró dar una buena conferencia, que es un humano normal y que tiene un método de “Las cuatro preguntas” que no convence a casi nadie. Así que por este lado considero que la película tuvo un tremendo bajón.

Por otro lado leí la crítica hecha por la página SeptimoArte según la cuál hay quienes dicen que es ridículo que un niño “de casi 10 años” crea en el Niño Dios, pero en mí experiencia propia les digo que yo creí en él hasta los 9 años y me parece completamente normal. ¿Tal vez es raro que un niño de 9 años o mas crea en esas cosas? Yo creía en él totalmente, pero claro a esa edad tenía sospechas, pero no eran confirmadas, hasta que un día le pregunté a mi madre (así lo recuerdo yo) sobre el asunto, porque había leído una historieta de Mafalda en la cuál su padre le ponía los regalos bajo el árbol. No sé pero Quino cambió mi vida entonces. Recuerdo que antes de descubrirlo yo pensaba que la razón por la cuál vendían tantos juguetes en navidad era porque el Niño Dios se abastecía allí, yo pensaba que eran esos los juguetes que les daba a los niños. Sin embargo creer en un señor barrigón repartiendo regalos montado en un trineo con renos voladores se me hacía muy descabellado. Tampoco creí, como muchos niños, al menos en mi país, que quien llevaba los regalos era una paloma, eso es tan ridículo como decir que la cigüeña es quién lleva los bebés cosa que tampoco creí nunca. En lo que yo creía era en algo que no se ve, un espíritu invisible que llevaba  regalos vaya ud a saber como. Pero desvié del tema.

El caso es que no acuso la edad del niño, y creo que es linda la relación de él con el papá, se nota que se quieren.

Tocando otros puntos creo que me agradó, en parte, la relación de Rubén con su ex esposa, me mantuvo entretenida porque Rubén todavía la quería y yo pensaba firmemente que al final de la película iban a quedar juntos y no, para nada. Me pareció linda la escena en la que hablaban del pasado mientras agarraban sus manos. Pero de cualquier manera aunque cuando ella estaba feliz era linda y agradable la mayor parte del tiempo era insoportable, ¡Por el cielo! ¡Consiguió la bicicleta y seguía alegando! Es lo que hizo en toda la película: alegar, o cantaletear mejor dicho. Y si quieren que hable de otro terrible personaje pues el novio de ella era una molestia, ¿Porqué le dijo al niño que no existía el Niño Dios? ¡Metido! Que molestia, metiéndose en la educación de los hijos de otros. Pero era un buen sujeto, no me desagradó del todo, pero no entiendo como Mireya (al parecer así se escribe) cambió a Rubén por tremendo mequetrefe.

Es en parte estresante que TODA la película se centre en una bicicleta, yo estaba como “Ok ya lo solucionaron ¿Que harán la hora y media que falta?”, aunque cuando lo lograron la primera vez se veía venir la catástrofe, después de todo por algo ese diálogo del Padre Raúl insistiendole para que le diera la plata. Pero aún así me decía eso, y lo que pasó fue que toda la película fueron altos y bajos pero nunca decían cuanto faltaba para la esperada fecha. Hubiera sido hermoso saberlo.

Un último fallo, según yo, fue hacer que la bicicleta apareciera mágicamente. Vale, esto le da una parte importante a la película, finalmente Rubén sí cree en el Niño Dios y en Dios y hace que se junten ambas realidades para mostrarnos que no hay por qué separarlas. Vale, vale pero aún así es una escena un poco torpe, los efectos especiales, esos brillitos que hacen aparecer la bicicleta, tengo fé en que pudieron hacer algo mejor. Y sí en algunas películas tipo Disney ese toque mágico queda de maravilla, pero estuvo muy mal jugado en esta película.

No creo poder decir que haya alguna parte que me fascinara o me encantara. En toda me mantuve muy neutral. Y si bien no es un “terror de película” como si fuera innombrable o algo así, sí es bastante mala o al menos algo mala.

Si tienen la oportunidad de verla sería bello que me dieran su opinión al respecto de esta película que como película navideña no hace un buen trabajo. Pero…¿Saben que parte me conmovió un poco? Cuando Rubén la escenas en que él miraba la bicicleta, hay algo para lo que estoy ahorrando desde hace tiempo, y sé que yo iría allá todos los días, si pudiera, a ver eso, al menos desde lejos, así que por esa experiencia personal esas escenas me conmovían, y en general creo que la idea de esas escenas fue muy buena, claro en general, sin llegar a profundizar.

Gracias a todos por leer, y les deseo una super feliz navidad. Y una vez mas me tras nocho por escribir el día de la vista de la película. Por cierto va avanzando el blog ¿Ven? ¡Cada vez pongo mas entradas! ¡Que emoción! Ya casi llego a diez entradas, no suena como tanto pero a mi se me hace un montón. Diez, veinte, treinta, ¡Ya quiero ver cuando llegue a tantas!

Me despido y ¡Feliz navidad!

 

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